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Muy bella, pero huele a marihuana y es desigual

Pasillos principales y accesos de la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy (JFK) en NY, puerta de entrada para millones de pasajeros e inmigrantes de todo el mundo. |
Por ELVIA ANDRADE BARAJAS NUEVA YORK, 31 de agosto de 2026.- Nueva York, deslumbra y contradice. La capital financiera del mundo, sede de las Naciones Unidas, cuna de los premios Pulitzer, escenario natural de innumerables películas, Distrito Federal donde se dictan sentencias contra capos del narcotráfico y políticos del mundo, como "El Chapo" Guzmán, "El Mayo" Zambada, los expresidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; de Honduras, Juan Orlando Hernández, o Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad de México, e incluso al propio Donald Trump, es una isla hermosa, pero huele a marihuana y vive una gran desigualdad social. Arriba todo brilla; abajo, en el subway (metro), todo es viejo y oscuro.
En su honor, el aeropuerto de Nueva York (inaugurado en 1948) fue renombrado oficialmente como Aeropuerto Internacional John F. Kennedy (JFK) el 24 de diciembre de 1963, a solo un mes del magnicidio.
#ThisIsNewYorkCity, el cual exhibe ilustraciones alusivas a sus cinco distritos (boroughs): El Bronx, Queens, Manhattan, Brooklyn y Staten Island.
—interroga el agente, observando la visa como si tuviera rayos X.
Esto aplica sobre todo con los países que mantienen tratados de extradición con Estados Unidos, ya que en cualquier momento se puede ordenar su arresto en cualquier parte del mundo.
Sin embargo, el propio Donald Trump ha sido juzgado en los tribunales penales de Nueva York por fraude financiero mediante la falsificación de registros comerciales, caso por el cual fue declarado culpable de 34 cargos en mayo de 2024 por un jurado de la Corte Suprema del Estado de Nueva York en Manhattan.
Si a un político le quitan la visa, debería preocuparse: tarde o temprano irán por él, aunque con un trato migratorio muy distinto al de los pasajeros comunes o al de los migrantes indocumentados.
Curiosamente, a los grandes procesados se les da un trato VIP: Estados Unidos los extradita en vuelos chárter ejecutivos o en aviones del Servicio de Alguaciles (US Marshals), aterrizando en hangares privados o gubernamentales donde los esperan convoyes de custodia federal.
Para cualquier turista, esto representa el alivio necesario para empezar a disfrutar de la Gran Manzana, la ciudad que nunca duerme, donde se puede hacer realidad un sueño imposible, tal como cantaba Frank Sinatra en su famosa New York, New York.
Tras recoger la maleta, se abren las puertas de Nueva York, que te recibe con una amplia gama de opciones de transporte: servicio privado (de 88 a 150 dólares hacia tu hotel), taxi amarillo o Uber (de 82 a 94 dólares) o lo más común: el AirTrain JFK, un sistema monorriel elevado que conecta todas las terminales entre sí y las comunica con el Subway (metro):
Línea Jamaica Station: La más común y turística para dirigirse a Manhattan, Queens o Brooklyn. Línea Howard Beach Station: Ideal para conectar con el sur de Manhattan.
El AirTrain JFK cobra poco más de 8 dólares al salir hacia el metro de Nueva York, el cual cuesta 3.00 dólares por viaje. Si utilizas siempre la misma tarjeta bancaria o el teléfono, al acumular 12 viajes en siete días consecutivos (36.00 USD), el resto de los pasajes de esa semana son gratuitos.
Se trata de un sistema centenario con más de 120 años de historia que ha dado pie a mitos sobre colonias subterráneas. Si bien existen personas en situación de vulnerabilidad en los subsuelos, la realidad no alcanza el grado de ficción del cine, que muestra a cientos de personas viviendo en alcantarillas o en el túnel Freedom (los llamados "hombres topo").
Esas colonias masivas ya no existen como tales, aunque sí es frecuente ver a personas sin hogar que buscan refugio nocturno en los andenes.
En la siguiente entrega: De los rascacielos de Broadway a las calles que huelen a marihuana, la fuerza de los migrantes y la amenaza invisible del fentanilo. |