NEW YORK, NEW YORK

Muy bella, pero huele a marihuana y es desigual

 


Pasillos principales y accesos de la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy (JFK) en NY, puerta de entrada para millones de pasajeros e inmigrantes de todo el mundo.



 

Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

NUEVA YORK, 31 de agosto de 2026.- Nueva York, deslumbra y contradice. La capital financiera del mundo, sede de las Naciones Unidas, cuna de los premios Pulitzer, escenario natural de innumerables películas, Distrito Federal donde se dictan sentencias contra capos del narcotráfico y políticos del mundo, como "El Chapo" Guzmán, "El Mayo" Zambada, los expresidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; de Honduras, Juan Orlando Hernández, o Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad de México, e incluso al propio Donald Trump, es una isla hermosa, pero huele a marihuana y vive una gran desigualdad social. Arriba todo brilla; abajo, en el subway (metro), todo es viejo y oscuro.


Al llegar a Nueva York por el Aeropuerto John F. Kennedy, la mente retrocede a aquel trágico 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas, cuando el mundo se estremeció con el asesinato del presidente John F. Kennedy, quien recibió dos disparos, uno por la espalda que salió por la garganta y otro en la cabeza en un recorrido oficial en la limusina presidencial junto a su esposa Jacqueline Kennedy y el gobernador de Texas.

 

En su honor, el aeropuerto de Nueva York (inaugurado en 1948) fue renombrado oficialmente como Aeropuerto Internacional John F. Kennedy (JFK) el 24 de diciembre de 1963, a solo un mes del magnicidio.


Mientras se hace la larga y pesada fila en el Área de Control de Inmigración y Pasaportes del JFK —operada por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos—, se lee y relee el icónico y colorido mural de la campaña turística de la ciudad:

 

#ThisIsNewYorkCity, el cual exhibe ilustraciones alusivas a sus cinco distritos (boroughs): El Bronx, Queens, Manhattan, Brooklyn y Staten Island.


El cálido mural contrasta con la frialdad y seriedad de los oficiales de Migración, quienes, sujetos a estrictos protocolos de seguridad, revisan minuciosamente el pasaporte y la visa de cada pasajero.


—¿A qué viene a Nueva York? ¿Cuántos días se va a quedar? ¿Con quién llega? ¿Tiene reservación? ¿Cuánto dinero trae en efectivo? —son algunas de las preguntas de rigor.


—¿México?

 

—interroga el agente, observando la visa como si tuviera rayos X.


Justo en ese momento, como mexicana, recuerdas que el gobierno de este país mantiene una ofensiva constante contra los cárteles de México y Latinoamérica. Como ráfaga, pasa por la mente que los capos tienen otro trato y no pasan por esta cabina ni por esta sala pública de Inmigración. De entrada, ellos no pagan boleto y da lo mismo si tienen o no pasaporte o visa.


Para cualquier político o persona sospechosa de incurrir en delitos federales (principalmente narcotráfico, lavado de dinero o terrorismo), la revocación de la visa por parte del gobierno estadounidense representa un alto riesgo legal, financiero y reputacional.

 

Esto aplica sobre todo con los países que mantienen tratados de extradición con Estados Unidos, ya que en cualquier momento se puede ordenar su arresto en cualquier parte del mundo.


Es aquí cuando comprendes que a un político le revocan la visa americana porque está bajo investigación federal o se le considera sospechoso de un delito grave procesado por el Departamento de Justicia. Este último puede formalizar en cualquier momento una orden de captura internacional a través de una Ficha Roja de Interpol para su detención en cualquier país firmante de dichos tratados.


En México, a veces se minimiza la revocación de visas clasificándola como "una puntada" o una intervención política.

 

Sin embargo, el propio Donald Trump ha sido juzgado en los tribunales penales de Nueva York por fraude financiero mediante la falsificación de registros comerciales, caso por el cual fue declarado culpable de 34 cargos en mayo de 2024 por un jurado de la Corte Suprema del Estado de Nueva York en Manhattan.


El dos veces presidente de Estados Unidos —nacido en Queens el 14 de junio de 1946— también enfrentó en los tribunales neoyorquinos un juicio civil por inflar su patrimonio neto y el valor de sus activos inmobiliarios (rascacielos, clubes de golf y su tríplex en la Torre Trump, ubicada en la Quinta Avenida, donde vivió varias décadas antes de trasladarse a Washington).


Así que aquí cualquiera puede ser juzgado.

 

Si a un político le quitan la visa, debería preocuparse: tarde o temprano irán por él, aunque con un trato migratorio muy distinto al de los pasajeros comunes o al de los migrantes indocumentados.

 

Curiosamente, a los grandes procesados se les da un trato VIP: Estados Unidos los extradita en vuelos chárter ejecutivos o en aviones del Servicio de Alguaciles (US Marshals), aterrizando en hangares privados o gubernamentales donde los esperan convoyes de custodia federal.


Así que, con tranquilidad, se contesta:


Yes.


Mmmm, Mexico is beautiful... Adelante —dice el agente, cambiando su mirada inquisidora por una de bienvenida mientras asiente con la cabeza.

 

Para cualquier turista, esto representa el alivio necesario para empezar a disfrutar de la Gran Manzana, la ciudad que nunca duerme, donde se puede hacer realidad un sueño imposible, tal como cantaba Frank Sinatra en su famosa New York, New York.

 


El contraste urbano: del AirTrain al metro

Tras recoger la maleta, se abren las puertas de Nueva York, que te recibe con una amplia gama de opciones de transporte: servicio privado (de 88 a 150 dólares hacia tu hotel), taxi amarillo o Uber (de 82 a 94 dólares) o lo más común: el AirTrain JFK, un sistema monorriel elevado que conecta todas las terminales entre sí y las comunica con el Subway (metro):

 

Línea Jamaica Station: La más común y turística para dirigirse a Manhattan, Queens o Brooklyn.

Línea Howard Beach Station: Ideal para conectar con el sur de Manhattan.

 

El AirTrain JFK cobra poco más de 8 dólares al salir hacia el metro de Nueva York, el cual cuesta 3.00 dólares por viaje. Si utilizas siempre la misma tarjeta bancaria o el teléfono, al acumular 12 viajes en siete días consecutivos (36.00 USD), el resto de los pasajes de esa semana son gratuitos.


Por esta razón, el metro es ampliamente utilizado tanto por residentes como por turistas. Aunque exige caminar bastante (especialmente en los transbordos), el ahorro es significativo, sobre todo para los adultos mayores de 65 años, quienes pagan una tarifa reducida de 1.50 dólares.


Sin embargo, si ingresas a la ciudad a través del metro, la primera impresión no es la mejor: las estaciones son antiguas y lucen deterioradas.

 

Se trata de un sistema centenario con más de 120 años de historia que ha dado pie a mitos sobre colonias subterráneas. Si bien existen personas en situación de vulnerabilidad en los subsuelos, la realidad no alcanza el grado de ficción del cine, que muestra a cientos de personas viviendo en alcantarillas o en el túnel Freedom (los llamados "hombres topo").

 

Esas colonias masivas ya no existen como tales, aunque sí es frecuente ver a personas sin hogar que buscan refugio nocturno en los andenes.

 

En la siguiente entrega: De los rascacielos de Broadway a las calles que huelen a marihuana, la fuerza de los migrantes y la amenaza invisible del fentanilo.